cantante,escritor, actor.exilios e historias gays publicadas en medios de Peru. México y España
sábado, 16 de mayo de 2020
jueves, 2 de abril de 2020
Confinamiento
Queremos
agradecer a los preocupados por nuestras andanzas. Es un tiempo para pensar
distinto porque es distinto el tiempo que implacablemente viene. He leído mucho
los minutos transcurridos en lentas y copiosas horas. El espejo devuelve
señales para evitar usar un optimismo alejado de la talla merecida. Cada
mensaje de las redes suena hueco, recalcitrante, bastante cool. Reconozcamos en
masa: Tenemos lo que hemos ganado. Hemos hecho pedazos los sueños ajenos. Ahora
el boomerang del karma regresa para darnos donde más queríamos permanecer, o
sea, la bendita comodidad de lo establecido, aunque forme parte de un decorado de
película B.
Cuando
vayamos de la sala a la cocina sería bueno recapacitar sobre nuestras
ansiedades consumistas, nuestro ego acorazado, la pose requerida cada día. Nuestras
vidas al final resultan un selfie reiterativo, aderezado con mentiras
humanitarias de manual, comida light e Instagram & Facebook, bien gracias.
No creo que
después de esto la gente se vuelva mejor. Al contrario. Ya hay anuncios para
elaborar despensas del futuro dentro de nuestras casas. Seguros contra
pandemias, maneras de despedir empleados sin culpabilizarnos. El buenrollismo resulta
pernicioso cuando es un aplauso desde los balcones, habiéndonos necesitado
antes apoyando al sistema sanitario. De este juego también han surgido la epidemia
de artistas “balconizando” la cultura popular. Parece que si no quemas un
bosque por la fuerza del encierro, destrozas las versiones sanas de ser artista
realizado, convirtiendo a los verdaderos artistas en habitantes desahuciados.
El arte nunca rellena nada, ni satura nada. El arte es un ser orgánico que
viene para ser alimentado por la fantasía del público en general. Nunca para
ser contenido en telediarios.
Gracias por
sus mensajes, estamos bien dentro lo que cabe. También buscamos casa
urgentemente, es imprescindible para dinamitar las actuales columnas del
infierno. Amamos mejor a nuestros allegados, no tenemos vergüenza en odiar
abiertamente a cada hijo/a de puta con quien nos hemos cruzado. Cuídense. El
coronavirus se irá, pero no se despisten dejando la puerta abierta a los
malvados. Los queremos.
Richard
Villalón
jueves, 02
de abril de 2020
viernes, 31 de enero de 2020
jueves, 31 de octubre de 2019
Ojos de Zapato ( Noche de Muertos)
He rescatado mis zapatos para esta Noche de Muertos. Suenan pasos
viejos, callecitas con su enjambre de aplausos resonando. Confundiéndose con besos turbios en
bares donde la gente quería escapar de sus miedos sumergiéndose en el
fantástico sótano encerrado en cada vaso. Mis zapatos negros esta vez los
encuentro alternadamente enlutados como en ningún tiempo. Saben mis puntuales ausencias
de panaderías, de cines en mi país lejano, de dormir en camas extrañas donde un
pezón marcaba el norte de los deseos. Saben las veces cuando no pude desayunar
con la familia. Los disfraces de sus escapadas sigilosas en cuartos donde el
amor era un pretexto intentando apagar fuegos solitarios. Estos zapatos
atestiguan las tallas de la vida. Quedan bien, nunca igual. Saben de esta
garganta contenida en el charco del silencio impuesto. Con su reloj interno llegando
al punto cero para explotar, devastando las llanuras extensas donde crece la
soledad negándose a albergar pájaros. Conocen las claraboyas del corazón
soportando discursos con gente asquerosamente inconcebible. Mi alarma quiere
hablar esta noche final con las almas de mis muertos pasados. Reconciliarse por
haber traicionado la necesaria atención prestada…
Amigos del ahí voy…Olvidemos
las llamadas ausentes como herida después de la cicatriz, los atoles olvidados
en coches estacionados, los whiskys y su
pardo vómito de recuerdos secuestrados. Obviemos la literatura forzada, los
políticos evidentes desde su ceguera social. Las enfermedades prestadas como
vestido involuntario a la hora de asistir a una fiesta imaginaria local.
En México, alguien vagará sin saberme como tequila, dentro de
rancheras nacas, suelto en sus vasos capilares, amarillo en el orín de sus
esquinas turbias. Un autómata loco tocando timbres, periodistas rancios,
simulando alegría de feria al recibir portazos secos como calaveras sedientas.
Mujeres cantantes “lamiendo huesos” de poderosos encastrados en sus tronos de
un reino donde se cargaron de un grito fulminante, hosco, a la publicitada Serpiente
Emplumada.
En Lima alguien sentirá mi canto apenas se calle. Cantando
esas canciones atrapadas al revolotear ignorantes dentro de los estómagos de antiguas
radios. El vals del pubis esquivado, la mirada huyendo de la canela, el oficio
de parecer exageradamente peruano, cetrero, sagaz, equivocado. La sensación del
landó vuelto acción precisa hacia la eternidad del sexo buenamente conjugado. Quienes
preguntan la jodidez de Lima mientras desvisten sus sueños, previo pisco souer, ascendiendo. Pensando
lujuriosamente en alcanzar el Nirvana en el Extranjero.
En España mis uñas persistirán en defenderse. Aunque
disparen con piedra, con clavo, con armas masivas sobre estos pequeños pies que
sirvieron tantos siglos para burlarme de las escaleras, los pasadizos siniestros
donde los hijos delirantes, malnacidos de la derecha y su arpa vieja, siguen
tocando a un ritmo francamente angustiante.
Esta noche los Muertos saldrán para encontrarnos. No construiré
los altares acostumbrados. Ando buscando la fórmula para recuperar mi sombra.
Para dejar de hablar pendejadas, para
equivocarme acertadamente en mis malos
presagios. Estoy buscándome en los maridos resignados, viendo a su mujer terriblemente
más bonita que ninguna, paradójicamente
más lejana que aquel conejo viviendo en la luna. Rebusco en los huelguistas viendo
pasar un tren, iluminando esa quimérica esperanza al caminar kilómetros intentando
cambiar algo de lo irremediable. En los ahogados del mar escuchando lanchas,
con la sequedad de la sal en sus ojos morados, oyendo bajo el peso de la marea
aquellas razones para hacerlos criminales, por el mero hecho de negarse a morir
resignados en esta repartición injusta. Vivo persiguiéndome en los gritos
independentistas, entrando involuntariamente al manicomio sin DNI, confundiéndome
burocráticamente, sumando un loco extra a sus listas de locos.
Mis zapatos quedan perfectamente desfasados. Los pies siendo
los mismos, cuentan historias espantosamente parecidas al presente congelado. Mis
muertos saldrán a pasear buscando algarabía al confrontarse dos mundos
aparentemente diferentes. Verán mi pelo, grietas en mis labios, ojos plagados
de un nido de recuerdos. Preguntarán por qué no pido tumba en este gelatinoso día-noche
feroz. Para llegar a ser un buen muerto, antes necesito fulminantemente, mandar
a la mierda a esa estatua perversa donde nadie confirma si vive Dios…
Richard Villalón©®
31 de octubre de 2019
lunes, 5 de noviembre de 2018
domingo, 4 de noviembre de 2018
jueves, 1 de noviembre de 2018
Noche de Muertos ¡Viva México, Cabrones!
Descubrí que estabas muerto cuando al tirar tus zapatos al
suelo de tu casa en Coyoacán, no sonaron. Me pareció un truco de magia, como
reías por todo, supuse que ese humor mexicano estaba salvándome de la hambruna
con creces. Tus besos mirándome a fondo lograron descubrir esa situación de
epicentro en el páramo donde estaciona la soledad sus naves, los instrumentos
para provocar infinitos silencios. Algunas personas somos incansables a la hora
de pedir ternura, de recoger pedacitos, reconstruir copas rotas o pegarle ojos
a las muñecas dejadas al azar por niñas caprichosas. Llevo salvando abrigos
usados por soldados en las guerras, orinales
de peltre cuyos desportillados eran el último mensaje que viejos comediantes
veían en sus despedidas lentas hacia la expiración. Vivo salvando cosas
extrañas, fantaseando.Al salvarlas podría estar salvándome a mí. Un recolector
activo ante la astucia frenética del olvido. Cuando su pata llega a rascarte la
puerta es cuando los demás no piensan en tus risas, tus rabias, tus
imprevisibles. Se muere cuando el olvido acaba devorándote.
Estar a tu lado, era una forma de estar lejos de mí, peor
dicho, dentro de mí. Este oficio suicida supe congeniarlo con el oficio de
causar espanto en los demás. Una flor temblaba sin viento cada vez que se
levantaban mis demonios, reforzando con exabruptos mi labor de ejecutor.
Por más kilómetros dejados atrás, el corazón y la memoria se
alían concentrados, cargan sensaciones
supuestamente abandonadas. El corazón piensa, es hora de enterarnos y el
cerebro se desvincula de la realidad, inventando personas perfectas, ternuras
amarillentas, un fuego fatuo desorientando al frío, donde se mece la sensación
de estar perdido.
México era unos esquites con sal y chile mientras la
muchedumbre ciega, habladora, azarosa hacía lo imposible por declarar una
libertad ajada como bandera mal doblada en el cajón de una historia cruenta.
Reconozco, esos años te busqué en casi trescientos cuarenta
rostros para al final cansarme, encontrarte malamente. Esa vez, dentro una
oscura discoteca Zona Rosa te acercaste pidiendo ceremoniosamente un baile. La
monotonía del juego te hizo pasar desapercibido, tequilas después, “el toquero”
vendiendo descargas eléctricas de a tres pesos y beber limón y sal en el lunar
de tu indescriptible cuello, llegamos a tu casa desatando ese circuito de
luces, calaveras de azúcar, cempasúchil y mole con carne de iguana.
El terremoto de tu ombligo, el sabor ahumado de tus piernas,
un resplandor morado bautizándome pagano en cada encuentro. El frenesí apenas
mi nombre sonaba en tus labios…Una especie de derrape en un taxi en la Avenida
Lázaro Cárdenas. El vértigo de la Torre Latinoamericana, a mi pies, generado
por tu boca. Diego Rivera, “Chaquetéandosela”
“Haciéndose una chaira”, “Jalándosela”, “Haciéndose el jalouin”, “Sacudiéndosela”,
viéndonos enganchados como dos “xoloitzcuintles” babeando en la silueta dejada
por un poste de luz tras la cortina.
Veintitrés millones de México D.F. CDMX personas tras la puerta luchando por hacer lo mismo, a su vez,
los balazos quitaban de la vida a 80 asesinados diarios. La raza recia ante el
cadáver del azar desprevenido, la canija fortuna cotidiana. Librándolos del
narco, los políticos, la cola de las tortillas. Un orfanato transitando en el
metro Tacubaya. Av. Insurgentes es la calavera de la serpiente ya desplumada.
La grosera diferencia entre las lomas del Pedregal y Tlalpan hora punta. Con su
“nacos” bailando la extrema alegría de enterarse sin enterarse. Los teatros
llenos de melómanos descastados, oyendo
a Juan Gabriel desde su cielo recién inaugurado. Narcocorridos llenándonos de
penas como procesiones fantasmas en la cumbre de los miedos. Una payasita rellenando
de globos “chichis” y nalgas en el semáforo donde el hartazgo alcanza el color
de los despavoridos. Las estaciones de autobuses cargando esperanza desvalida. Danzones
enredando abrazos enredaderas, “La Malinche” guía turística, evitando ver
cuerpos colgados en puentes peatonales. Los compadres hablando de trenzas y entramados
para escalar el Popocatépetl ‘el cerro que humea constantemente’ en su lucha
territorial por llegar a ser alguien aunque sea a “mordidas”. La ebriedad de un
mundo donde Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional
(PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD) Partido del Trabajo (PT),
Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Partido Alternativa Socialdemócrata,
Partido Nueva Alianza (PANAL) haciéndose bolas, mal pariendo precios
petroleros, tranquilidad ciudadana , el sagrado “Nixtamal”. Los “concheros”
generando ”vibra” desnudos, agonizantes
en una mentira de “puritita” verdad.
El “Pediférico” Anillo Periférico (Valle de México) como una
aorta preclara en multas, balaceras y accidentes. Avenida 16 de septiembre,
Avenida Álvaro Obregón ,Avenida Ámsterdam Avenida Bucareli, Avenida
Chapultepec, Avenida Constituyentes (Ciudad de México),Avenida Presidente Masaryk,
Avenida Revolución, (Ciudad de México)Avenida Tláhuac las arterias de un
corazón bombeando aire, alimentando smog, sueños y fatigas. La fuerza telúrica
de ciertas mujeres luchando seriamente, una marionetita vestida de Beatles a la
salida de la Basílica de la Virgen de Guadalupe pidiendo “su taco” para remedir
heridas. La música intensa de mariachis guiñándole el ojo al abismo de la duda,
de fondo, la Llorona pidiendo seguridad ciudadana, negándose por supervivencia,
a asustar después de las seis por aquello de las violaciones, los robos a mano
a armada, los secuestros exprés de gente inocentemente distraída.
Aun así, el hondo escondrijo de tu almohada, tus albures
sobre la utilización de los dientes, luchando contra las muelas. El secreto de
tu prosa, descubriendo mi poesía, quedó aquí, en mis adentros. Donde ningún
tatuaje pudiera cubrir la huella de tu paso, el sabor de tu saliva, el norte de
tus cejas. ¡Chingada Madre! ¡Cabrón destino! No hay bolero para describir la
exacta dimensión de tu feroz abandono.
Es cierto, los “jotos” comen con cuchillos…Apuñalándome, librándome de mi mismo, como buscaba, quedé
blanco, ingrávido, sombreado por zopilotes calvos como clavos. Te fuiste a
desahuciarte de mi destino. Mataste la maldad dentro mi sangre, dejándome un agujero
justo al centro de mi oscura nada.
Te busqué en discotecas, iglesias, sindicatos, cantinas. Los
espiritistas repetían que te olvide. Encontraba tus pisadas en medio de las
manifestaciones tumultuosas, en la lucha social delirante de priístas
arrepentidos. En mujeres ahombradas, en sacerdotes feos como Tlazotéotl, diosa
del amor físico y de las prostitutas. Mi pecho gritaba a diario la falta de tus
pezones duros, brillosos como cueros. La situación entumecía al sol que me
alumbraba, dejándome en el frio poblado
de ataúdes, promesas neoliberales, nieves de inframundo. Xochimilco servía para
navegar canales destinados al infierno, con sus muelles de cuernos, sonidos de “huēhuētl”
tambor desgarrado. Tu pelo aparecía inesperado dentro los tamales de mole, en
la panza roja de los tacos al pibil, en la bruma salivante del pulque curado
con mango. En la cuchara deformada de mi paladar sin ti. Esta noche de muertos
te cantaré el breve espacio, sobre
la laguna turquesa enterrada del Distrito Federal CDMX. flotando el agua del recuerdo. Descubrí mi muerte la primera noche, cuando cayó mi corazón bajo
la cama resonando el vacio de su alma, terriblemente.
Richard Villalón©®
Artwork:
Isabel Chiara.
Miércoles, 31 de octubre de 2018
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