jueves, 16 de abril de 2015

Richard Villalon Palomita de Barro





Tengo una pena muy profunda, tan honda que me hace ver las ventanas del infierno.¿ Cuando voy a reconocer que debiera retroceder? Sabes que extrañamente te quiero y sabes que  somos  la enfermedad del uno y la cura del otro. Ojalá pase todo esto. Voy triste y me asusta esta tormenta...

lunes, 6 de abril de 2015

¡Tocando C..ajones!

¡Tocando C...ajones!



Cada vez que leo algo relacionado a firmas de apoyo en el Facebook, me impactan las sinuosas formas de cierta solidaridad humana. Un supuesto  perfil de bondad  asoma por ventanas innumerables, sin embargo es inevitable, lo virtual carga una despiadada mueca de cinismo. Una firmita no cuesta. La realidad queda demostrada, por ese medio, nadie ha conseguido los dos mil  euros para librarse de un desahucio. Ningún medico se ha dejado convencer dejando de cobrar por una complicadísima operación. Nadie ha sacrificado nada especial por alguien  a quien solo conoce en su lista de amigos de Facebook.
Esto lo digo reflexionando acerca de una petición de firmas proveniente de mi adorado Perú.
Requieren firmas para designar el día del Cajón Peruano  con el mismo día del nacimiento de un vástago  agraciado por la coincidencia de pertenecer a la inmemorial familia Santa Cruz.
Aclaro con profunda tristeza que este amigo ha muerto joven, guapo y gozando de los privilegios que un apellido distinguido sabe dar. Aquí en Sevilla conozco a varios vástagos cuya profesión y vocación combinan en ser hijo de, sobrino de o algo de…. No creo que Rafael coincida con esta  comparación, pero la experiencia cercana me ha hecho recapacitar.
Desgraciadamente  el destino parece castigar a los genios dándoles hijos sin ingenio. Maniquíes para portar las medallas de sus familiares, engreídos y con una culpa que a diario les hace asegurar que siendo hijo de o nieto de, las puertas son obstinadamente más difíciles de cruzar. Eso es falso.
Eso me repatea. No es lo mismo tener en tu casa los fines de semana o en las fiestas privadas familiares a los directivos de las instituciones culturales, a los mandamases y en medio de la fiesta escuchen y vean hacer la gracia del niño de la casa .Esos mismos  señores  llenos de comida, trago y alegría se enternecen enterándose acerca del eco de sombras  que proyecta un genio sobre su estirpe. La conmiseración es una varita mágica para llegar al fondo de alguien sin escalas. Por supuesto  lograr que esas inexpugnables puertas sean abiertas con la llave de la prebenda y la amistad aprovechada.
A los demás mortales nos toca  esperar y esperar, maltratados por zafias secretarias. Jodidos por reconocer así tristemente, la existencia del paraíso a través del interminable infierno que resulta acertar entre lo que uno produce y la institución cultural o el empresario requiere.
Sintetizando. Conozco mucha gente que trabaja en la percusión en Perú, he trabajado con los mejores y de eso no hay duda. Amo rotundamente a los Santa Cruz, espero que esta idea no haya partido  de ellos mismos, quienes siempre han trabajado con dignidad y meticulosidad a la hora de rescatar  una buena parte del folklore general del Perú.
Supongo más bien que son los asnos que pululan a su alrededor, ese mundo de cortesanos, “ayayeros” profesionales, perniciosos, sospechosos talentos en ciernes. Los que en su afán de ser alguien, se abocan a esa carrera de hacer de la nada un todo, para así tener su ráfaga de luz sobre sus incontinentes vidas grises.
Me han pedido la firma, me gustaría más bien que en vez de exigir esa superficial coincidencia forzada con  el día del cumpleaños de  Rafael Santa Cruz, la firma fuera para lograr la seguridad social de los artistas peruanos. El cajón ya tiene  inevitablemente  un lugar en el corazón del Perú y del mundo .Si fuéramos equitativos  y menos huachafos, buscaríamos más bien un día de la Negritud en Perú. Algo que celebre la supervivencia a la esclavitud  antes y en tiempos de Ramón Castilla, lo que vino después...El racismo  negativo por años y ahora mismo el racismo positivo.
Por lo que veo  parece que los negritos  peruanos ahora son del Bronx, más que bailarines, son  raperos atildados  comprometidos con una dudosa estética  que rechina en las calles de la Victoria o del Callao. Eso de “ponga un negrito en su mesa” me suena terrible. La tolerancia es una manera  hipócrita de la compasión. Cuando no se hable de negritos, de haber tenido quince días a una ministra negra o de mover tu cucú como un acto democrático, allí la sociedad  peruana habrá dado un paso adelante. Busquemos normalización, no señalización caritativa.
Es imprescindible  buscar firmas más bien para crear una ayuda social  a los artistas.
Hagamos algo contundente y eficaz para desterrar la cursilería, el oportunismo y la sensación de ser alguien por el solo hecho de estar presente, reclamando rúbricas y cojudeces.
El olvido, las modas, el fracaso y la edad son quienes matan inevitablemente a tanto artista trabajador del arte en sus variadas facetas. Aquellos trabajadores deambulando madrugadas, comiendo mal, vistiéndose de prestado estos largos años donde la canción peruana ha iluminado la pasión  y el soundtrack sentimental de los peruanos
 Yo no firmo, déjense ya de tocar los C…ajones y manos a la obra con respecto a recuperar dignidad para los artistas peruanos.

Richard Villalón

Sevilla domingo, 05 de abril de 2015

Richard Villalón "El Membrillito"

jueves, 2 de abril de 2015

Semana Santa Richard Villalon






Aquel domingo de ramos la vida cambió. Ella sintió a toda la banda del pueblo soplando sobre una desnudez que ella misma desconocía. Ella y la banda caminando desnudos por las calles empedradas. Ella y esos niñatos catetos soplándole detrás de las orejas, taladrándola con el sonido y haciéndola esa muñequita nunca aparecida en su espejo. Ella la última de muchas hijas. La que odiaba dar de comer a las gallinas, la que destrenzaba los equívocos de su abuela con Alzheimer. Ella la que queriendo estudiar inglés se hizo la más extraña del lugar. ¿Para qué estudia una niña inglés, si sus amigas solo hablan de casas futuras, hijos futuros y de los inmigrantes que roban trabajos a los españoles?
Ella ese domingo de ramos se vio sobre la borriquita, llena de laureles y una multitud embelesada llamándola por su nombre: Rocío. Rocío como un aliento, Rocío nublando los deseos de todos esos chicos de la banda. Rocío como reina de una primavera feroz pertinaz y sacrílega.
Rocío sintió que el sudor de los hombres también puede ser agua bendita para las que no tienen refugio en sus propios sueños. Rocío quería huir y hablar inglés y ser María, la madre de todas las publicidades del mundo. María que en inglés es Mariah y en inglés llorar y en inglés usar otros acertijos para despistar a la soledad.
A los 16 años Rocío Mariah ya sabía que lo que vendría sería una pasión con cruz a cuestas. Toda la vida. Una cacería implacable. Solo esperar a que la escogieran y escoger sin discernir. Ella y su futuro, casados como en una crucifixión. Un fuego lento con olor a potaje, una manía cotidiana de despertar para lo mismo. Rocío por eso se armó de valor y regresó de noche al parque, donde ensayaba la banda. Esa Semana Santa supo que el misterio es la mitad de la belleza y que los de las bandas compiten en aire y arrojo cada ensayo. Ella y sus piernas blancas en la oscuridad, ella y sus labios enrojecidos. Cazando hombres en ciernes, llenos del fervor de cada Semana Santa. Ella y los chicos de la banda entregados y riendo de la rapidez de algunos, de la zozobra de los otros. Y los ya atendidos siguiendo con las marchas para que el pueblo no descifrara que esa Semana Santa era una ofrenda a otros dioses más antiguos y menos severos.
Rocío Mariah en inglés jadeando, ingles de todos los sabores, los chicos de la banda resoplando y resoplando hasta calmar la sed que ciertos náufragos cargan antes de nacer. Rocío Mariah se hizo Santa esa semana. Regaló amor y dispersó el dolor de esas almas. Rocío no pensó en los pecados - no hay ninguno que hable del amor gratuito y en grupo-.
Pensó que el amor es un globo aerostático y desde esa altura entre sones procesionales se elevó a los cielos.


Villalón